Pocos conceptos se prestan a tanta confusión y superchería como el de la inteligencia. No la que se refiere a la capacidad intelectual, la potencia cognitiva o la fluidez racional, sino la que es un sinónimo incierto de información de valor. Sobre todo la información, incluida la secreta, que confiere mayor poder y, potencialmente, eficacia de acción, a organizaciones estatales o corporativas.
En el ámbito del conflicto humano, la buena inteligencia es vital, para no pelear a ciegas o cegados por un engaño astuto. Pero el término en sí no implica eficacia, y puede ser todo lo contrario.
Ahora, en la lucha contra el crimen, se habla de la imperiosa necesidad de “inteligencia” para combatir a los criminales. Pero, ¿de qué tipo de inteligencia?
Entre las facultades que el Senado delegó al Ejecutivo este 21 de octubre figura el fortalecimiento de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI). Fernando Rospigliosi defendió restituir facultades operativas a la DINI.
No será la primera vez que la organización que está en la cúspide del sistema de inteligencia tenga grupos operativos propios. Lo hizo cuando se llamaba el SIN y tenía un jefe real que se llamaba Vladimiro Montesinos.
Entonces, más que ahora, había una necesidad desesperada de inteligencia. Eso fue aprovechado por Montesinos para crear un aparato de poder e intimidación que se tornó eventualmente en la más poderosa e importante organización en el país.
Sirvió para afianzar su poder y mantenerlo por casi 10 años. Pero no sirvió, en absoluto, para los fines en los que la inteligencia era necesaria. No logró ninguna victoria de importancia en la lucha contra el senderismo ni tampoco, en las acciones contra el narcotráfico.
¿Y quién capturó a Abimael Guzman, se dirá, quién destruyó la organización senderista y llevó luego a cabo acciones de importancia contra el narcotráfico y el crimen organizado?
A Guzmán lo capturó el GEIN, que también destruyó buena parte de su estructura organizativa, antes y después de la captura del jefe senderista.
El GEIN fue un grupo especial de inteligencia operativa policial, con una clara visión de la necesidad y la práctica de una investigación policial profunda, comprehensiva, basada en el conocimiento detallado del enemigo para guiar acciones certeras en contra suya.
Ahí vemos la gran diferencia entre dos conceptos y prácticas diferentes de la inteligencia. Montesinos aportó al grupo Colina y trató de que este se beneficiara de los avances del GEIN. No lo logró, ni forzándolos a analizar en conjunto los documentos capturados por el GEIN. Eventualmente, cada cual siguió su camino. Y el GEIN salvó a la nación.
Ahora, los dos conceptos de inteligencia vuelven a enfrentarse. Se habla de fortalecer la DINI, pero no solo se olvida sino se deja de lado a los grupos especiales de la Policía (¿Recuerdan a la DIVIAC, al Eficcop?) que lograron avances muy importantes contra organizaciones corruptas y que, como consecuencia de ello; es decir, de haber hecho muy bien su trabajo, fueron disueltos, sus jefes fueron difamados y mandados a un retiro prematuro, por los antecesores mafiosos del mismo gobierno que ahora solicita facultades especiales en, entre otras cosas, inteligencia.
En el vídeo que acompaña esta nota, dos sobresalientes policías retirados, de dos generaciones sucesivas, con un notable registro de hazañas policiales, explican cuál es el tipo de inteligencia que, en realidad, necesita el país para luchar con éxito contra la criminalidad.
Se perpetran muchos engaños en nombre de la inteligencia, especialmente cuando se la necesita de verdad. Pero no a la que lleva el ADN de Montesinos, sino la que se inspira en el espíritu y los métodos del GEIN, que es explicado y aclarado en la entrevista que sostuve con el general en retiro, Carlos Morán; y el coronel, en temprano y abusivo retiro, Wálter Lozano.
Es ese el tipo de inteligencia operativa que precisamos para vencer al crimen, y no el que se propone armar este gobierno. Es la misma palabra frente al mismo conflicto, pero con significados diametralmente diferentes.



