Si algo está claro es que a López Aliaga le fue muy mal en el primer debate. Le dijeron de todo y buena parte de lo que le dijeron era verdad.
Luego, le preguntaron entre uno y otro sacudón de acusaciones que él no atinó a responder, sobre el nombramiento de Tomás Aladino Gálvez como fiscal de la nación. Se resistió a responder, balbuceando que él era algo así como “respetuoso” del fuero de otras instituciones.
Como ven, no sale muy bien.
Pero cuando terminó la tunda retórica que sufrió en el debate, tuvo una entrevista al vuelo con el periodista Martín Riepl, de RPP. Cuando este mencionó la palabra “fiscalía”, el efecto fue como acercar un fósforo encendido a un balde de gasolina. Estalló la bilis porcina y emergió su calumniado favorito: yo, Gustavo Gorriti.
López Aliaga repitió la fijación maniática de que yo manejo la fiscalía, del fiscal de la nación para abajo. (¡Él, que no había querido responder durante el debate sobre el reciente nombramiento de Tomás Gálvez como FN!). Y mencionó, por milésima vez y con el tono del fanático que prueba su fe, el caso del exfiscal Rodrigo Rurush, diciendo que en esa ocasión yo “lo saqué a patadas” de IDL.
Riepl pide tímidamente “pruebas”.
Entonces López Aliaga blande el caso de Rurush como quien describe el crimen del siglo.
Y le reclama a Riepl por no dejarlo explayarse.
Incluso lo acusa de estarlo “difamando”.
López Aliaga lleva tiempo mintiendo, a “cara pelada”, con canallesco y desvergonzado cinismo y, con ayuda de varios cómplices, sobre el, digamos caso Rurush. Es una de sus mentiras favoritas.
Tiempo de destruir esa mentira.
Veamos ahora cómo fue y de dónde salió el caso Rurush.
El 7 de julio de 2018, IDL-R publicó la primera nota de una de sus más grandes investigaciones, la que poco después fue conocida como caso Cuellos Blancos o Lava Juez.
El día siguiente, domingo 8 de julio de 2018, IDL-R publicó la segunda entrega de la serie, en la que un entonces magistrado de la Corte Suprema, César Hinostroza Pariachi, discutía por teléfono el caso de violación sexual de una niña de 10 u 11 años. Durante la conversación, Hinostroza pregunta si la niña ha sido “desflorada” y pregunta también si lo que quiere el o la interlocutora (no se escucha su voz) es que al individuo acusado “le bajen la pena o que lo declaren inocente”.
El efecto de estas dos primeras entregas de periodismo investigativo, fue sísmico. Era el delito, la corrupción más profunda, relatada por los propios perpetradores, que eran a la vez ¡altas autoridades del sistema judicial!
La indignación creció a velocidad de avalancha, mientras quedaba claro que IDL-R recién había iniciado revelaciones sobre la corrupción rampante en el sector (judicial, fiscal y de control de la magistratura), que traicionaba su misión de reprimir, perseguir, castigar el crimen, para perpetrarlo.
Pero mientras crecía la indignación ciudadana, dentro de los sectores corruptos del Poder Judicial, el Ministerio Público, el entonces Consejo Nacional de la Magistratura y sus aliados y cómplices en el Congreso, cundió una desesperada alarma por el desembalse de la serie de revelaciones que, podían entrever, pronto alcanzaría a muchos de ellos.
El desenfrenado apuro para abortar la investigación que recién empezaba a publicarse provocó varias acciones en los días siguientes.
En la mañana del martes 10 de julio de 2018, es decir, tres y dos días después de las dos primeras publicaciones llegó a IDL un fiscal llamado Rodrigo Rurush, acompañado por cuatro policías con el cometido de INCAUTAR los audios de la investigación.
Así de rápido se había movido la mafia.
Yo llegué a IDL lo más rápido posible cuando me enteré de esa incursión. Era muy evidente que se trataba de un intento por abortar la investigación de un caso que recién comenzaba pero que ya era un inmenso escándalo. La acción que me describían era, sin la menor duda, un ataque directo a la libertad de prensa y el periodismo investigativo.
En el camino logré ubicar por teléfono al entonces fiscal de la nación, Pablo Sánchez, y le informé sobre lo que sabía hasta el momento, que ya era lo suficientemente grave. La pregunta de cómo tenía su teléfono es bastante tonta. Como periodista en plena actividad se suponía y supone que debo tener la información de cómo contactar a altos funcionarios y a personalidades relevantes, del gobierno o fuera de él.
Además, el caso Lava Jato, que IDL-R desarrolló virtualmente solo durante un buen tiempo, había hecho que la fiscalía tuviera no solo interés sino necesidad en conversar conmigo para informarse sobre el caso.
Llegué y encontré al fiscal Rurush, con los cuatro policías, dentro de IDL. Afuera, una buena cantidad de periodistas.
Aquí pueden ver cómo discutimos sobre su pretensión de incautar el material de la investigación.
Y luego, le hago la pregunta más importante:
¿Cuál es el documento que respalda su incursión?
Rurush, como ven, se hace el que busca el documento. Pero resulta que no tenía nada. Ningún documento. ¡Era una diligencia ilegal, una diligencia trucha!
Intentó atarantar con el cargo y el despliegue de los cuatro policías. Pero el bluff no le funcionó.
Descubierto el intento de atarante, con la prensa afuera, atisbando todo, buscó barajar su retirada con un dictado de acta en el que dice que a partir de una observación mía procede a dejar el lugar.
Pero se fue porque no tenía ningún respaldo, ninguna orden judicial, ninguna disposición fiscal para hacer la diligencia en la que quiso capturar el material investigativo que revelaba la organizada cadena de corrupción en el PJ, la fiscalía y el CNM.
Fue una diligencia trucha, delictiva, destinada a sustraer las pruebas de la masiva corrupción, a hacer abortar la investigación y lograr la impunidad de los corruptos.
Sobre la ilegalidad de su acción, esto es lo que tiene que decir el ex fiscal supremo (que tuvo a su cargo el control interno de la FN), Avelino Guillén.
Pero ese solo fue el primero de tres intentos esa semana por secuestrar la información y abortar el proceso investigativo.
El miércoles 11 de julio, al día siguiente de la incursión fallida de Rurush, la comisión de Fiscalización del Congreso me citó, junto con la entonces directora de Panorama, Rosana Cueva, (que había conseguido y empezado a publicar algunos audios del caso), a concurrir el día siguiente, jueves 12, al Congreso para revelarles las fuentes de la investigación. Así lo pidieron, tal cual.
La rotunda negativa de los dos a concurrir, en defensa de principios fundamentales de la libertad de expresión y el periodismo, junto con el escándalo nacional e internacional que percibieron se iba a producir, llevó a que los promotores de esa citación recularan.
Pero ahí no acabó el asunto.
El jueves 12, un día después, el entonces fiscal Supremo (y de Control Interno, nada menos) Víctor Raúl Rodríguez Monteza, exigió en forma perentoria y bajo la amenaza de denuncia “por delito de desobediencia a la autoridad”, que IDL-R le entregara “EL ÍNTEGRO” de los audios y le revelara cómo, cuándo y a través de quién o de quiénes, los había conseguido.
Aquí el oficio de Rodríguez Monteza:

Y esta fue, el mismo día, la respuesta pública de IDL-Reporteros.
Entonces así fue: en tres días seguidos, hubo tres intentos (del fiscal Rurush y su jefa; de la Comisión de Fiscalización del Congreso y del Fiscal Supremo Titular en la fiscalía Suprema de Control Interno) de usar la autoridad del Estado para capturar y sabotear las evidencias sobre un caso mayúsculo y gravísimo de corrupción dentro del propio Estado.
Todos los involucrados en las tres acciones resultaron estar comprometidos de una u otra manera en el caso. César Serrano, el esposo de la jefa de Rurush, la fiscal Norah Córdova, que tuvo pleno conocimiento de la diligencia trucha en tiempo real, figuraba, como describió IDL-R un mes después, “en los audios en una charla poco edificante con César Hinostroza Pariachi”. El fiscal Supremo Rodríguez Monteza ya aparecía entonces en audios y fotos de la investigación. Luego, cuando se acumularon nuevas pruebas y evidencias de su complicidad, fue destituido del cargo. Y dentro de aquel Congreso, por lo menos dos congresistas importantes en la coalición corrupta de entonces, Héctor Becerril y Mauricio Mulder, figuraban en los audios.
Fue una gran investigación en sus inicios, con gran potencial debido a la cantidad inmensa de información de fuente primaria, que pudo haber llegado muy lejos y llevado a una reforma profunda de la que emergiera un sistema judicial íntegro y eficiente. Pero al final, la contraofensiva mafiosa llevó a la reconquista del poder por los corruptos. En la fiscalía, con el retorno de Tomás Aladino Gálvez, se terminó de destruir la investigación. Incluso personas como Víctor Raúl Rodríguez Monteza, están en camino de volver a sus puestos, gracias a una JNJ tan o más corrupta que el CNM entonces investigado.
Esa es otra historia, muy necesaria pero que hoy menciono aquí solo como el trasfondo y contexto que revele con mayor precisión y claridad, las obsesivas mentiras de López Aliaga.
Ya han visto cómo fue, en realidad, el caso de la diligencia trucha de Rurush. Y López Aliaga lo sabe.
Pero miente e insiste en mentir con el tono de un fanático poseído por su convicción o, más precisamente, con el tono de un orate repitiendo su delirio.
Es una mentira tan inmoral y retorcida, representa un travestismo tan desvergonzado de la realidad de los hechos, que uno se pregunta a qué mente corroída por la malignidad se le ocurrió. Pero así es la desinformación extrema.
López Aliaga no solo miente sino que sus mentiras se dirigen invariablemente a favorecer la corrupción, presentándose como si fueran una cruzada por la integridad.
Es un bribón que miente, que no para de mentir y que carece de todo escrúpulo para hacerlo.
Se los he demostrado aquí, en el caso de Rurush.
Mintió al intentar presentar la defensa de la libertad de prensa y el periodismo de investigación como una manifestación de poder prepotente y corruptor.
¿Qué gangrena moral lleva a utilizar la calumnia como un arma destructora de la realidad, de la verdad de los hechos?
Lo que acabo de describir y demostrar es un ejemplo de una larga colección, varios de cuyos casos expondré en estos días.
Entre otros, la respuesta a la pregunta: ¿Qué llevó a López Aliaga a desarrollar una fijación obsesiva en este servidor?
Mientras tanto, quiero terminar preguntándoles.
¿Confiarían ustedes el cuidado de sus familias y sus bienes a un calumniador maligno, a un difamador rematado, a un chiquero moral?
¿Le confiarían el manejo de su país?



