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Carta Del Director

Verdades ásperas, tiempo de destino

por Gustavo Gorriti
PUBLICADO lunes 16 DE febrero, 2026 A LAS 10:34
ACTUALIZADO lunes 16 DE febrero, 2026 A LAS 10:34

Este sábado 14 de febrero,IDL-Reporteros cumplió 16 años de publicación continua. Aunque hubo meses previos de construcción de los cimientos de nuestro esfuerzo periodístico, consideramos el día de esa primera publicación como nuestra fecha fundacional. 

Coincidió, no lo buscamos pero así fue, con el día que celebra el amor y la amistad.

Hay gente que explora significados crípticos en las fechas: presagios y augurios que trascienden las voluntades y apuntan hacia un modo de ser y un destino.

¿Qué pueden tener en común los sentimientos y valores del amor/amistad con las  revelaciones duras, las verdades ásperas que suele producir el periodismo de investigación? 

A primera impresión pareciera que no mucho. Sacar a la luz hechos de corrupción ocultos suele representar por lo menos tiempos ingratos para quienes han sido expuestos y, en ocasiones, acciones penales contra esas personas, sus cómplices, sus organizaciones.

Los grandes reportajes investigativos suscitan, por sus revelaciones, indignación entre la gente, que exige acción justiciera, de rigor punitivo, contra aquellos cuyas fechorías han sido expuestas. 

Pero detrás de la aspereza revelatoria, lo que suele movilizar a los periodistas de investigación va más allá de un mero sentimiento de justicia (que, por lo demás, es siempre fuerte), hacia lo que describo mejor como un sentido de misión. 

Las informaciones que produce el periodismo investigativo son casi siempre importantes para la sociedad en conjunto. A diferencia de los espías, que trabajan para gobiernos y corporaciones, el periodismo de investigación entrega sus revelaciones a la gente, al pueblo, a los ciudadanos, sin distinción.

Esa es una de las distinciones fundamentales entre periodistas y espías. Para estos últimos, la regla suele ser que cuanto más importante sea una información, menor será el número de gente que la vea. Para el periodismo de investigación, lo opuesto es lo correcto: Cuánto más resonante sea una revelación, mayor será el número de ciudadanos a quienes llegue, porque el reportaje será dirigido a todos. 

Desde ese punto de vista, el periodismo investigativo puede ser visto como el servicio de inteligencia del pueblo. 

En otras palabras: pone en manos del pueblo, de los ciudadanos, el poder de la información, que resulta vital en una democracia para que la gente, los millones, tengan el control de su destino. 

Por eso, se diga como se diga, la motivación más profunda del periodismo de investigación es la lealtad al ciudadano, a los del común, a la misión de darle acceso a la gente a una información de calidad, de relevancia, que los fortalezca como ciudadanos y no los convierta en sujetos de manipulación.

Por eso, quizá no fue casualidad que el destino nos llevara a inaugurar esta publicación un 14 de febrero, 16 años atrás. 

¿Cumplimos con esa misión? Si uno examina las grandes investigaciones que sacamos a luz, se podría pensar que sí.

Pero basta mirar el escenario actual, la conquista del poder por una coalición mafiosa, para ver que lo que hicimos no fue, ni de lejos, suficiente. 

De hecho, la situación actual (desde el punto de vista del grado de control de las fuerzas corruptas) es comparativamente peor que la que hubo cuando detonamos las revelaciones de los casos Lava Jato y Cuellos Blancos (o Lava Juez).

Este desastroso retroceso no fue solo posible por las deficiencias en la llegada de las investigaciones periodísticas a la gente, o de la lentitud de las investigaciones fiscales. Hay otras razones, pero lo que cuenta ahora es el peligro extremo que enfrenta la nación.

Las próximas elecciones generales, con reglas distorsionadas por la coalición mafiosa para facilitar su permanencia en el poder amenazan, –si triunfan los candidatos de ultraderecha de esa coalición–, con terminar de destruir lo poco que queda de democracia en el país. 

Por eso, marcamos este aniversario sabiendo que hay poco que celebrar. 

Enfrentamos semanas del destino, en las que la movilización ciudadana será vital para que la democracia sobreviva y no perezca.

El deber del periodismo será publicar, republicar, propalar con la mayor energía posible, la verdad de los hechos hoy cruciales y relevantes, (frente, en especial a la desinformación imperante), para que, en medio de la confusión, de la balcanización de candidaturas, los ciudadanos sepan por quiénes no votar de ninguna manera y quiénes son los que representan la posibilidad de mantener viva la democracia y reanudar la lucha contra la corrupción. 

Y demostrar en los hechos que la seguridad de los ciudadanos frente al crecimiento feroz del crimen violento, no necesita a demagogos expertos en mentiras y desinformaciones sino a personas con conocimiento del tema, que con honestidad, destreza y energía, puedan romper la ola criminal y devolver a la gente la tranquilidad hoy inexistente en sus vidas. Y todo ello en medio de una democracia que se recobra y fortalece. 

Dentro de pocas semanas sabremos si eso se logró o si triunfaron los orcos.

Gustavo Gorriti

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