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Periodismo y medios

Acoso a la prensa

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros. (Foto: La República)
por Paco Moreno (Semanario Hildebrandt en sus trece)
PUBLICADO lunes 22 DE septiembre, 2025 A LAS 13:49
ACTUALIZADO lunes 22 DE septiembre, 2025 A LAS 21:05

IDL-Reporteros reproduce, a continuación, a columna de opinión de Paco Moreno en la edición 750 del semanario Hildebrandt en sus trece, publicada el viernes 19 de septiembre. IDL-R agradece el permiso de reproducción de H13.

El periodista Gustavo Gorriti ha mencionado que, aunque no sabemos quién o quiénes serían los presuntos sicarios, sabemos muy bien quién sería el autor intelectual de un atentado contra su vida: Rafael López Aliaga.

Ocurre que el alcalde de Lima, el tipo que sueña con colocarse la banda presidencial, ha dicho en público: «(…) Pero digo, vamos poniendo los puntos sobre las íes acá; tribunal militar, ¿cuál es el miedo? ¿a Gorriti? Por favor, hay que cargárselo de una vez al caballero».

Al presidente de Argentina, Javier Milei, cuando era niño, su padre Norberto Milei le daba de alma con los puños y con las palabras. Algo tuvo que pasarle a López Aliaga en alguna etapa de su vida porque pedir en público que se «carguen» a un periodista es estar al margen de la cordura.

El lenguaje de López Aliaga se parece al de Milei, al de Trump y al de varios cavernarios que en estos tiempos buscan el poder político absoluto a toda costa. Es tan grave lo que ha dicho López Aliaga que Gustavo Gorriti adelantó que lo denunciará por incitación al asesinato.

Quienes han silenciado a periodistas o han intentado hacerlo han sido casi siempre gorilas dictadores, narcos y políticos delincuentes.

En Argentina, el 25 de marzo de 1977, un comando clandestino de represión de la dictadura militar de Jorge Rafael Videla asesinó al periodista Rodolfo Walsh. Su cuerpo no aparece hasta ahora. Un día antes, el 24 de marzo, Rodolfo Walsh había enviado por correo a varios medios de comunicación su «Carta abierta de un escritor a la Junta Militar» que, según Gabriel García Márquez, quedará para siempre como una obra maestra del periodismo universal. Pero Walsh es solo un botón de muestra de decenas de periodistas argentinos desaparecidos durante la dictadura de Videla.

En Colombia, el 17 de diciembre de 1986, sicarios enviados por Pablo Escobar asesinaron a balazos a Guillermo Cano, director del diario El Espectador de Bogotá. El 25 de agosto de 1983, Cano había publicado la fotografía irrefutable de Pablo Escobar cuando cayó preso por contrabandista en 1976, y lo había desenmascarado porque este se hacía pasar por empresario limpio para escalar en la política colombiana.

En el Perú, en los años cincuenta, el dictador Odría envió a César Lévano a los penales El Sexto, El Panóptico, El Frontón y a la Cárcel Central. Hacia 1919, los esbirros del tirano Leguía hostigaron tanto a José Carlos Mariátegui y César Falcón que se vieron obligados a dejar el país.

El 13 de abril del 2023, el Poder Judicial condenó a Daniel Urresti como coautor del asesinato de Hugo Bustíos, corresponsal de Caretas en Ayacucho. Lo mataron el 24 de noviembre de 1988, cuando buscaba la verdad sobre la muerte de dos comuneros ayacuchanos.

Integrantes del Destacamento Militar Colina asesinaron en 1992 al periodista Pedro Yauri, quien abría los micrófonos de Radio Universal de Huaura a denuncias y opiniones contra cómplices de la dictadura de Fujimori y Montesinos.

Fujimori y Montesinos no amenazaban como López Aliaga. Actuaban, enviaban a los asesinos de Colina. En algunos casos, al que no quería venderse, lo hostigaban hasta dejarlo sin empleo o le lanzaban campañas brutales de desprestigio. Gustavo Mohme Llona, el histórico director de La República, fue uno de los blancos más visibles; también Ángel Páez y Edmundo Cruz.

A Gustavo Gorriti, ahora en la mira de López Aliaga, lo secuestraron el 6 de abril de 1992, al día siguiente del autogolpe. Agentes del Servicio de Inteligencia del Ejército y del Nacional (SIN) lo sacaron de su casa. Montesinos se vengaba porque, en 1983, Gorriti había publicado una serie de reportajes en Caretas que obligaron al exasesor a huir del país. A Gorriti, los gorilas lo encerraron con varios candados en un cuarto pequeño y sucio. Querían el contenido de su computadora. No lo lograron. Antes de soltarlo el 7 de abril, lo pasaron a la jurisdicción policial y en un calabozo vio a 18 periodistas de la radio detenidos.

Cuando el bandido Fujimori se puso la banda presidencial, empezó a hostigar a César Hildebrandt, quien no se había creído el cuento de que el japonés era un abanderado de la honestidad y había revelado sus fechorías en plena campaña electoral. Lo sacaron del programa dominical En Persona y tuvo que irse a España.

El 9 de diciembre de 1996, Edmundo Cruz reveló en La República la existencia del «Plan Bermuda» orquestado por Montesinos en el Servicio de Inteligencia del Ejército para asesinar a César Hildebrandt, quien entonces dirigía el programa La Clave en el canal 9. «El jueves 19 de junio de 1997, Leonor La Rosa, exagente del Servicio de Inteligencia del Ejército, desde la clínica donde se reponía de torturas a las que había sido sometida en su instituto, confirmó existencia del ‘Plan Bermuda’ cuyo objetivo era el asesinato de Hildebrandt», señala Edmundo Cruz.

El hostigamiento contra Hildebrandt no cesa. Pasa ahora, de alguna manera, lo que ocurría en tiempos en que dirigía el diario Liberación: reglaje, vigilancia. Es signo de que dice la verdad, la columna vertebral del periodismo.

Por decir la verdad, Pedro Salinas y Paola Ugaz resisten aún los zarpazos de agentes del desintegrado Sodalicio; por decir la verdad, Christopher Acosta fue enjuiciado por César Acuña; por decir la verdad, Karla Ramírez resiste los embates de Juan José Santiváñez y sus cómplices; por decir la verdad, Daniel Yovera resistió el arrebato de Castañeda por el Caso Comunicore. Gustavo Gorriti lanzó varias verdades sobre López Aliaga. Lo vinculó a los casos Lava Jato, Cuellos Blancos, Papeles de Panamá y hasta con George Soros. La verdad lo irritó, sacó de quicio a López Aliaga tanto que prometió que, si es elegido presidente, expulsará a Gorriti del país; pero nada se compara con pedir «cargárselo de una vez al caballero».

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