El ejercicio cabal del periodismo supone largas jornadas de trabajo intenso, en la tensión permanente por lograr la mayor calidad del relato en el menor tiempo posible, repetido una y otra vez a lo largo de los años. También supone vivir y sobrevivir en un ecosistema donde la promesa se empareja con el peligro, en tanto la revelación de la verdad de los hechos causa, con frecuencia, reacciones de furia y acciones de represalia.
Es un oficio de extremos. Si, de un lado, Gabriel García Márquez describió al periodismo escrito, en 1996, como “el mejor oficio del mundo”, poco después, y durante varios años, la consultora CareerCast lo calificó (en la categoría de “reportero de periódico”), como el peor trabajo en Estados Unidos. Por inestable y mal pagado.

Puede que ambos, Gabo y CareerCast, hayan tenido, a la vez, razón. Inestable, peligroso y mal pagado, el periodismo abarca los desafíos y promesas expresivas de la literatura junto con la capacidad potencial de cambiar, para bien, la vida de la gente a través de la fuerza de sus relatos y revelaciones.
En medio de la presión continua del trabajo, la mayor parte de los periodistas de fuerte vocación, sueña con la oportunidad de profundizar sus conocimientos sobre varios de los temas múltiples que toca reportar. Hacia la mitad de carreras promisorias, con mucho logrado y harto por lograr, ese anhelo se percibe con mayor fuerza.
Hay varias becas y membresías en el mundo que buscan ofrecer la oportunidad de una formación de calidad, por lo general en universidades de prestigio, a periodistas meritorios. Probablemente la más reconocida (y una de las más rigurosas en su proceso de selección entre los muchos candidatos que compiten por las pocas plazas disponibles), sea la Fellowship de la Fundación Nieman de periodismo en la universidad de Harvard.

Cada año, los periodistas elegidos como Fellows (becarios es una traducción aproximada) entran en un programa cuya excepcional riqueza se expresa en forma simple: el acceso abierto a todos los cursos, a todas las bibliotecas de Harvard y a las diversas organizaciones de la universidad. El objetivo es que puedan escoger, sin limitación alguna, todo aquello que pueda interesarles, por diverso que sea, dentro de la formidable oferta académica de la universidad. Ese año, “te cambia la vida”, suelen decirle los veteranos a los recién nombrados, que luego repetirán el concepto a los nuevos candidatos cuando haya terminado el año Nieman
¿A qué viene relatar todo esto? Para informarles que la jefa de redacción de IDL-Reporteros, Romina Mella, es ahora una flamante Nieman Fellow, de la promoción 2026-2027, y ya se encuentra en Cambridge, Massachussets en el inicio de su año Nieman.

El nombramiento de Romina es un honor para IDL-R. No solo reconoce sus señalados logros sino la promesa de futuro desarrollo que ellos representan y para lo cual el enriquecimiento intelectual del año Nieman será una gran contribución. Después de un tiempo relativamente corto como reportera en La República, Romina construyó casi toda su trayectoria periodística en IDL-Reporteros, del cual es cofundadora. Realizó con éxito varios reportajes antes de asumir funciones de creciente responsabilidad. Fue quien organizó y administró la red periodística latinoamericana creada exclusivamente para la investigación del caso Lava Jato; tuvo luego un papel central en la investigación del caso Lava Juez (o Cuellos Blancos) y ha sido la responsable de la coordinación de esta publicación con todas las redes internacionales de investigaciones en las que hemos participado (Swiss Leaks , Panama Papers, entre muchas otras) y también ha sido, cuando no co-autora, la editora de casi todas las investigaciones galardonadas de IDL-R.
En circunstancias tan complejas como las actuales, no ha sido fácil desprenderse de la colaboración de Romina por el año Nieman, pero ¿cómo no hacerlo? El esfuerzo adicional de los meses venideros habrá valido plenamente la pena para el periodismo. “Te cambiará la vida”, me tocó decirle, como me predijeron a mí en tiempos lejanos, más de cuarenta años atrás, cuando me aparté por un año de la trepidante y galvánica Caretas para iniciar aquel año venturoso, que te cambia la vida. Y vaya que la cambió.



