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Periodismo y medios

Carmen Aristegui y Gustavo Gorriti reciben el premio Legado

Carmen Aristegui y Gustavo Gorriti. (Foto: CONNECTAS)
por CONNECTAS
PUBLICADO viernes 16 DE enero, 2026 A LAS 23:16
ACTUALIZADO sábado 17 DE enero, 2026 A LAS 07:49

Este jueves 15 de enero, el Premio LEGADO, impulsado por CONNECTAS, reconoció las notables trayectorias de la periodista mexicana Carmen Aristegui y del director de IDL-Reporteros, Gustavo Gorriti, por su defensa persistente de la verdad frente a los embates del poder político, económico y criminal.

El reconocimiento se entregó en el marco de la Cátedra CONNECTAS – Martin Baron y fue posible gracias al apoyo de aliados estratégicos como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el International Fund for Public Interest Media.

Al ser distinguido con el Premio LEGADO, Gorriti alertó sobre una crisis global de la democracia y el avance de estrategias de desinformación para neutralizar al periodismo.

Gorriti ha destapado durante más de cuatro décadas redes de corrupción que alcanzan a presidentes, servicios de inteligencia y corporaciones transnacionales. Ha enfrentado secuestros, exilios, amenazas de muerte, procesos judiciales y campañas de desprestigio, sin ceder en un principio central: la defensa de la verdad como pilar de la democracia y la protección irrestricta de las fuentes.

Este trabajo incansable le ha valido decenas de reconocimientos nacionales e internacionales.

Gustavo Gorriti, director de IDL-R. (Foto: CONNECTAS)

Durante la ceremonia, Gustavo Gorriti describió la desinformación como uno de los mecanismos más eficaces para neutralizar al periodismo. “Uno de los principales desafíos que enfrenta hoy el periodismo que busca expresar la verdad de los hechos es la desinformación”, afirmó. Explicó que el primer paso suele ser presentar la mentira como si fuera verdad, para luego generar un proceso cognitivo que desacredite el trabajo periodístico y haga creer que quienes investigan actúan movidos por intereses ocultos o agendas siniestras. “Se busca neutralizar aquello que el periodismo revela”, señaló.

Gorriti subrayó que este fenómeno no puede entenderse sin reconocer que los periodistas también se han transformado en actores digitales. Esa mutación ha cambiado de manera profunda el ecosistema de la información. “Hoy los periodistas no solo informan, también participan en un espacio digital que altera las dinámicas tradicionales del poder, de la audiencia y de la credibilidad”, explicó. Ese cambio ha traído consecuencias negativas, como la amplificación del hostigamiento y la desinformación, pero también efectos valiosos que han permitido nuevas formas de articulación ciudadana y periodística.

El periodista recordó que a partir de 2014 se produjeron puntos de quiebre que dieron lugar a dinámicas inéditas. Casos de investigación de alto impacto impulsaron agendas de interés público y llevaron a que periodistas de distintos países comenzaran a reunirse, a establecer reglas comunes y a colaborar más allá de las fronteras nacionales. “Fue también el momento en el que aparecieron pequeñas publicaciones de periodismo de investigación que le dieron una nueva entidad al oficio”, afirmó. Aunque al inicio eran organizaciones con pocos recursos y bajo alcance, lograron consolidarse gracias al trabajo colaborativo y al uso intensivo de datos.

En ese proceso surgieron iniciativas como el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, que en poco tiempo alcanzó niveles de profundidad y análisis impensables años atrás. En muchos casos, medios tradicionales de gran prestigio se articularon con estos consorcios para sacar a la luz investigaciones de alcance global. Para Gorriti, este fenómeno demuestra que el periodismo puede reinventarse incluso en contextos adversos, siempre que conserve su compromiso con la verdad y la cooperación.

Los periodistas Carmen Aristegui, Martin Baron, Gustavo Gorriti y Carlos Eduardo Huertas. (Foto: CONNECTAS)

El periodismo hoy, advirtió, atraviesa un momento difícil. Y no solo es el periodismo; es una crisis tecnológica y, sobre todo, una crisis de la democracia a escala mundial, probablemente la más grave desde el siglo pasado. En ese contexto han surgido nuevas fuerzas políticas que han buscado controlar medios de comunicación, redes sociales y plataformas digitales. En varios países, incluso han comprado estaciones de televisión y medios tradicionales para convertirlos en simples voceros del poder, reproduciendo formas de propaganda que se creían superadas.

En este escenario emergen dos problemas paralelos. Por un lado, la necesidad urgente de defender la democracia, hoy gravemente amenazada. Por otro, la necesidad de defender el periodismo frente a ofensivas cada vez más agresivas basadas en la mentira, la manipulación de los hechos y el descrédito sistemático de quienes informan. “Ese proceso no se queda solo en el plano discursivo”, advirtió Gorriti. “Escala, se profundiza y en muchos casos termina en agresiones físicas, persecuciones judiciales y ataques directos contra periodistas y medios”.

El Premio LEGADO reconoce precisamente esa ética del oficio. Un periodismo que exige mucho, que rara vez ofrece recompensas inmediatas, pero que conserva una nobleza esencial. Como dijo Gorriti, “el mejor periodismo exige el arte de narrar en forma apasionante y veraz las más difíciles investigaciones, aparejado con la fuerza de alma para defenderlas de los ataques de la mentira y la corrupción. Exige mucho, da poco, pero a mi entender hay escasos quehaceres en esta vida que se comparen en nobleza con darle a los ciudadanos la fuerza de la información, la potencia de la verdad de los hechos”.

En tiempos de autocracia blanda, censura sofisticada y verdad asediada, su legado no es solo un reconocimiento al pasado, sino una brújula para el futuro del periodismo.

Gustavo Gorriti, Carlos Eduardo Huertas y Carmen Aristegui. (Foto: CONNECTAS)

La periodista Carmen Aristegui recibió el Premio LEGADO por su defensa del periodismo independiente en un contexto de regresión democrática. En un diálogo con CONNECTAS, analizó el avance de prácticas autoritarias en México y la región, la deslegitimación de los medios críticos y los desafíos del ecosistema digital frente a la desinformación.

Aristegui es una de las periodistas más influyentes del continente. Su carrera ha estado marcada por el rigor, la responsabilidad y la valentía para abordar temas incómodos. Ha recibido reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo y el Premio Gabriel García Márquez, pero también ha enfrentado presiones, silenciamientos y ataques por su trabajo. El lema de Aristegui Noticias sintetiza su trayectoria y su convicción más profunda. ‘Desde cualquier medio, periodismo en libertad’.

Por ese compromiso con la verdad recibió, junto con el periodista peruano Gustavo Gorriti, la primera edición del Premio LEGADO, una iniciativa de CONNECTAS que surge como respuesta a una necesidad urgente: contar con referentes éticos e intelectuales en un ecosistema informativo saturado de desinformación, inmediatez y polarización.

Carmen Aristegui. (Foto: CONNECTAS)

Aristegui ofreció una lectura profunda sobre los procesos de regresión democrática y control mediático en México y en la región. Situó el debate en una perspectiva histórica. Recordó que México vivió durante décadas bajo lo que Mario Vargas Llosa llamó la “dictadura perfecta”, un régimen que tenía apariencia democrática pero funcionaba bajo reglas metaconstitucionales claramente autoritarias. Explicó que “cada seis años había cambio de gobierno y había elecciones, o lo que parecían ser elecciones”, pero quien llegaba al Palacio Nacional concentraba todo el poder y decidía a su sucesor mediante el llamado dedazo.

Ese sistema, señaló, comenzó a resquebrajarse tras décadas de lucha social y política —con episodios dramáticos como la represión al movimiento estudiantil de 1968 y la matanza de manifestantes de 1971— y con un largo proceso ciudadano que permitió construir una arquitectura institucional orientada principalmente a garantizar elecciones confiables. Aristegui subrayó que se destinaron enormes recursos públicos para crear un sistema electoral lleno de controles y candados, con el objetivo de superar la desconfianza histórica y asegurar que los votos se contaran y que quien ganara gobernara.

Sin embargo, identificó un punto de quiebre reciente. La llegada al poder de un líder carismático con amplio respaldo popular marcó el inicio de un proceso de ruptura institucional. “A partir de ese momento comenzaron a darse pasos para desmontar instituciones, contrapesos y elementos que se habían construido durante décadas para consolidar una democracia”, afirmó. Según Aristegui, se minaron órganos constitucionales autónomos, se retiró poder a los contrapesos y se concentró nuevamente en la figura presidencial.

(Foto: CONNECTAS)

Ese proceso, explicó, no se detuvo con el cambio de gobierno. Por el contrario, se profundizó. “La actual presidenta ha seguido el guion que se dejó establecido para producir un cambio de régimen”, señaló, advirtiendo que se trata de un cambio regresivo, no democrático. Aunque evitó hablar de una autocracia plena, afirmó que México vive “un claro aroma autocrático” que remite a prácticas del pasado, aunque con diferencias relevantes en torno a la figura del caudillo y la apropiación personal del poder.

Aristegui advirtió que lo más grave de este proceso es la normalización de ideas que antes resultaban impensables. Quitarle autonomía al Poder Judicial, eliminar organismos autónomos, desacreditar sistemáticamente a los medios de comunicación. Señaló que este patrón no es exclusivo de México, sino que se repite en América Latina y en otras regiones del mundo, donde los proyectos autoritarios buscan concentrar el poder y desmontar las reformas democráticas construidas durante décadas.

En el plano mediático, describió una estrategia clara de control y descalificación. Hacer que la gente deje de utilizar ciertos medios, diferenciar entre medios acreditables y no acreditables, y producir una deslegitimación constante del periodismo crítico. En ese contexto, mencionó el caso de los grandes conglomerados mediáticos al servicio de determinado discurso político.

Más allá de los medios tradicionales, Aristegui puso el foco en una transformación estructural del ecosistema informativo. La migración masiva de las audiencias hacia las plataformas digitales ha cambiado de manera sustantiva la disputa por la atención pública. “Los periodistas somos parte de esta disputa por la atención de millones de personas”, dijo, reconociendo que hoy cualquier persona puede emitir un mensaje con enorme alcance, lo cual tiene una dimensión luminosa y otra profundamente oscura.

Por un lado, celebró la horizontalidad que permite que cualquier ciudadano se exprese. Por otro, alertó “maquinarias para fabricar noticias falsas” y recursos millonarios orientados a manipular la conversación social. Ese cóctel, advirtió, coloca al periodismo frente a un desafío existencial.

Frente a ese escenario, Aristegui defendió con firmeza la necesidad de reivindicar el periodismo como una práctica profesional basada en la responsabilidad y la rendición de cuentas. Reivindicar que hay personas que se dedican a investigar, a revelar, a cuestionar y a informar de manera responsable, dando la cara y asumiendo las consecuencias. “Eso lo sostengo”, dijo, subrayando que la información es un insumo fundamental para las democracias.

El Premio LEGADO reconoce precisamente esa forma de ejercer el oficio. Un periodismo que incomoda, que persiste y que no renuncia a su papel incluso en contextos adversos. En palabras de Carmen Aristegui, reivindicar ser periodista hoy no es solo una vocación, sino una cuestión de supervivencia democrática frente a un contexto que ha tomado dimensiones verdaderamente alarmantes.

Carmen Aristegui y Carlos Huertas. (Foto: CONNECTAS)

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