Fue, hasta hoy, la más importante investigación fiscal sobre corrupción estatal, corporativa, política en la historia del país. Y fue también la investigación más atacada, difamada y desnaturalizada después.
Sus inéditos avances, bajo la organización de un equipo especial, una fuerza de tarea específica, influenciaron a la vez otras investigaciones que adoptaron el mismo método. Así, junto al equipo original del caso Lava Jato, surgieron los que investigaron el caso de los Cuellos Blancos (o Lava Juez), luego el Eficcop y el menos conocido Eficavip, para los casos de las víctimas en las protestas sociales.
Hace un tiempo ya largo se desató la feroz contraofensiva. En perspectiva, lo que sorprende es cuán considerable fue la resistencia de esos equipos especiales (en particular el del caso Lava Jato). Los principales grupos y personas de los círculos de corrupción investigados, en manejo de sus grupos de poder y de influencia, desplegaron masivas campañas de desinformación, a medida que avanzaban en el control del aparato estatal. Desde el tope de las jerarquías en instituciones clave, armaron las campañas leguleyas y burocráticas contra las investigaciones anticorrupción. El avance se hizo inexorable cuando la Fiscalía y sus instituciones reguladoras (desde la JNJ hasta la ANC), terminaron capturadas del todo.
Aún así, les tomó un largo tiempo cerrar y anudar el círculo corrupto. La fuerza de los hechos revelados a partir de las investigaciones fue lo que permitió, sobre todo al equipo especial Lava Jato, resistir varios años la enconada contraofensiva.
Al final, en la última parte del año pasado, la fiscal de la nación, Delia Espinoza, fue suspendida del cargo. Poco antes y después, tres fiscales supremos con serias investigaciones por corrupción: Patricia Benavides, Tomás Aladino Gálvez y Luis Arce Córdova fueron incorporados o reincorporados como fiscales supremos. De los tres restantes, tanto Pablo Sánchez como Zoraida Ávalos no opusieron resistencia, y el otro, Juan Carlos Villena, guardó silencio.
Gálvez asumió en forma interina la fiscalía de la nación pero no perdió tiempo en sacar de sus puestos a fiscales que, entre otras tareas, lo estaban investigando. A la vez tuvo frases agresivas y despectivas sobre los principales fiscales del caso Lava Jato, Rafael Vela y José Domingo Pérez.

El 19 de diciembre del año pasado, por ejemplo, Gálvez dijo, en flagrante contradicción con la verdad de los hechos, que ambos, Vela y Pérez Gómez, “han trabajado para los imputados y no para el Ministerio Público […] Su fracaso ha sido evidente”.
En una entrevista propalada en Willax, el 26 de diciembre pasado, Gálvez anunció que la decisión de disolver los equipos especiales ya tenía fecha.
“Como estos [los equipos especiales] se han considerado reyes, la resolución…vamos a hacerla el día de la bajada de reyes, pero no por bajada de reyes a Jesucristo sino porque bajamos a los reyes. Y eso es lo que va a suceder”, dijo Gálvez.
Eso sucedió, en efecto, el día de la bajada de Reyes y fue ilustrado así por el gran caricaturista Carlín, en La República:

Sin embargo, como veremos, las cosas resultaron más complejas de lo esperado para Tomás Gálvez y lo obligaron a adaptaciones, modificaciones, testimonios y palinodias de púlpito en el proceso de decapitar a los equipos especiales. Solo faltó un capellán, pero los descabezamientos se perpetraron en la fecha señalada, aunque con cambios importantes en el funcionamiento de los patíbulos institucionales.
Reunión de tres fiscales
Poco antes de la Navidad, tres fiscales superiores fueron convocados por el fiscal de la nación Tomás Aladino Gálvez, a su despacho.
Eran Jorge Chávez Cotrina, coordinador de las fiscalías de crimen organizado; Omar Tello, coordinador de las fiscalías anticorrupción y Germán Juárez Atoche, coordinador de lavado de activos y, hasta hace poco, miembro del equipo especial del caso Lava Jato.


El objetivo de la reunión quedó pronto claro. Gálvez comunicó a los tres fiscales su decisión de desactivar los equipos especiales. Eso no era una novedad, pero sí lo que vino a continuación.
Gálvez indicó que su posición era que los casos del equipo especial Lava Jato –el mayor y más importante– se repartieran entre las fiscalías de lavado de activos, corrupción y crimen organizado.
Ninguno de los tres fiscales recibió favorablemente la propuesta. En unos porque ello significaría repartir los casos en diversas fiscalías, bajo el manejo o conducción de nuevos fiscales, sin experiencia previa en investigaciones complejas. En otros, porque esos casos eran, por su propia importancia, radioactivos –como lo demostraba la reunión que los había convocado– y riesgosos. Mejor que otro los tuviera.
Juárez Atoche planteó entonces que cada uno de los ocho despachos del equipo especial Lava Jato pasen, sin ningún cambio, al sistema de lavado de activos, bajo su coordinación. Cada uno de los fiscales conservaría los casos bajo su actual responsabilidad, dentro del mismo espacio físico que ocupaban. Eso garantizaría, dijo, de acuerdo con fuentes consultadas por IDL-R, que los casos no sufrieran perjuicio procesal en momentos en los que varios de ellos ingresaban o continuaban en juicio.
Tanto Omar Tello como Jorge Chávez Cotrina expresaron estar de acuerdo con la propuesta de Juárez Atoche.
Fuera eso lo que se esperaba, o no, Gálvez le pidió a Juárez Atoche que haga un informe con los detalles de su propuesta. Eso hizo y presentó poco después, según fuentes con conocimiento de causa, el fiscal de lavado de activos.
El informe de Juárez Atoche fue una de las bases de la resolución de la desactivación del equipo especial Lava Jato, publicada en El Peruano el martes 6 de enero. Sufrió, sin embargo, dos cambios importantes: tanto el fiscal Rafael Vela Barba como el fiscal José Domingo Pérez Gómez fueron sacados de los equipos del caso. Vela quedó como fiscal superior de lavado de activos, pero sin la facultad de ver los casos de Lava Jato en segunda instancia. Y Pérez Gómez fue enviado a una fiscalía anticorrupción, bajo la coordinación de Omar Tello.
Confesiones navideñas
Un análisis rápido de la correlación de fuerzas entre los fiscales supremos, luego de la suspensión de Delia Espinoza, hubiera descrito –a partir de sus antecedentes, confrontaciones y declaraciones previas, además de revelaciones– dos grupos en enfrentamiento tanto sordo como abierto: de un lado los fiscales supremos Pablo Sánchez, Zoraida Ávalos y Juan Carlos Villena; y del otro Tomás Gálvez, Patricia Benavides y (apenas llegó) Luis Arce Córdova. Los tres últimos defendidos y promovidos por la mafia que controla el Congreso y los organismos de regulación y control que este reformó y deformó a su conveniencia y fines: el TC, la JNJ, la ANC del Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo, entre otros.
Aquel análisis hubiera sido parcialmente correcto en un momento. Pero no después. En el ínterin sucedieron algunas escenas inesperadas, unas en el ámbito de lo físico y otras en lo metafísico.

Quienes no estuvieron al tanto de los antecedentes se sorprendieron con el discurso pre navideño que pronunció Tomás Gálvez el 23 de diciembre pasado.
Con voz meliflua, sin la agresividad verbal que caracterizó buena parte de sus declaraciones en meses anteriores, Tomás Gálvez empezó refiriéndose en tono tierno a “las palabras hermosas de la doctora Patricia y Zoraida [sic]. La verdad es la esperanza que tenemos es que esas palabras y esta navidad nos lleve a la reflexión, que nos conduzca a la unidad y la paz entre nosotros”.
Palabras navideñas, claro, cuya intención suele durar menos que un villancico. Pero ahí no terminó Gálvez: “Como ya se ha dicho, en estas últimas circunstancias hemos estado asistiendo a un estado de confrontación que creo debemos poner fin. Se dice desde afuera que la Junta de Fiscales Supremos están [sic] polarizados, enfrentados y en función a eso califican nuestra actuación como Ministerio Público y Junta de Fiscales Supremos, pero sepan que eso no es así. Todo lo contrario”.
¿Todo lo contrario? Gálvez prosiguió con el relato navideño:
“Cuando yo alguna vez dije ante los medios de comunicación que estábamos en paz y amor todos creyeron que es una metáfora [sic], pero no, esa es la realidad”.
“Ustedes saben” prosiguió Gálvez, que “yo he tenido desavenencias con el doctor Pablo Sánchez, con la doctora Zoraida e inclusive yo me he referido a ellos de mala manera. Obviamente les he pedido las disculpas y he pedido perdón a Dios por ello. Porque a veces llevado [sic] por las propias circunstancias y pasiones actuamos irreflexivamente. Quizás yo decía que el doctor Pablo, que la doctora Zoraida de aquí para acá porque nunca pensé en regresar al Ministerio Público, porque una vez que estaba sentado junto a ellos yo decía “para qué dije esto y ahora”, se dan cuenta”.

Entonces añadió:“Pero felizmente que la doctora Zoraida desde el primer momento expresó una voluntad por encima de las circunstancias, por encima de la mezquindad y de frente me dijo: “Tomás, el pasado está atrás, miramos hacía el futuro”, y estamos en el futuro en un momento de paz y de unión”.
Y así Gálvez invocó: “En nombre de Dios les pido perdón a cada uno de ustedes porque seguramente he cometido muchos errores y también he hecho muchas cosas intencionales que he podido perjudicar a alguien”.
Por extraño que parezca, otros testimonios de fuentes enteradas en el Ministerio Público validan en parte esa versión. Tomás Gálvez habría pedido disculpas personalmente, en sesiones de la junta de fiscales supremos, a Pablo Sánchez y a Zoraida Ávalos. Respecto de Sánchez, Gálvez encargó además un retrato en acuarela de aquél y lo presentó en una ceremonia en la que elogió a Sánchez y lo describió como su maestro. En cuanto a Ávalos, Gálvez habría explicado que algunos de sus cambios de conducta obedecieron a que él se había convertido en “cristiano”, es decir, evangélico, protestante, como lo es Ávalos. Al contarlo, Gálvez habría mencionado como influyó en esa conversión el haber pasado cerca de 40 días en coma, en una UCI, durante la pandemia de Covid y cómo durante su larga recuperación habría descubierto paulatinamente su nueva fe.
No solo eso.
Otra fiscal que se habría convertido a la misma fe sería Patricia Benavides, a quien los golpes y contrastes del caso Valquiria la habrían llevado a ello. Según fuentes con conocimiento de causa, Benavides habría pedido disculpas a Zoraida Ávalos, en una de las primeras sesiones de la junta de fiscales supremos en las que participó, por “el daño” que pudiera haberle ocasionado.
¿Ha tenido todo ello alguna consecuencia práctica? Además de las relaciones cordiales entre los personajes mencionados, parece que habría nuevos alineamientos.
De acuerdo, de nuevo, con fuentes que tienen acceso a información fidedigna, la relación actual entre Tomás Gálvez y el reciente reingresado fiscal supremo, Luis Arce Córdova, no es buena. A tenor de las fuentes, Arce Córdova habría entrado al Ministerio Público con ánimo imperioso y exigente, que llevó a un pronto choque con Tomás Gálvez, quien cuenta ahora con la simpatía de los fiscales supremos mencionados.
Debe tenerse presente, para precisión de contexto, que tanto Pablo Sánchez como Zoraida Ávalos cumplirán 70 años en junio, y pasarán (de inmediato o, como mucho, en diciembre) a la jubilación. Sobre ambos veteranos fiscales pende, sin embargo, la potencial amenaza que plantean las conclusiones de la comisión “investigadora” del Congreso que dirigió el controvertido Alejandro Muñante. En ellas se pide, entre otras cosas, que tanto Sánchez como Ávalos sean acusados y eventualmente procesados penalmente por el caso Lava Jato. ¿Tendrán Sánchez y Ávalos el apoyo de Gálvez y Benavides en esa circunstancia? Pronto se verá.

Por cinco años consecutivos, Charles Dickens regaló a sus lectores con una historia (una novella) de Navidad. En alguna de sus más célebres narraciones, el espíritu de la fecha transforma a gente egoísta y avara en generosa y compasiva. ¿Hubiera encontrado inspiración en las conversiones y emocionados arrepentimientos y perdones ocurridos entre los pisos 7 y 9 del edificio del MP en la avenida Abancay? Difícil saberlo, ¿verdad?
Los descabezamientos
La Navidad dura un día; el espíritu navideño unas pocas semanas, cuando hay buen tiempo. Y queda el resto del año para registrar los hechos de las realidades que cuentan.
¿Qué revelan los hechos sobre el descabezamiento de los equipos especiales?
Narraciones no precisamente navideñas.
El último día de 2025, el 31 de diciembre, Sandra Castro, una de las dos fiscales que investigó el caso Cuellos Blancos (o Lava Juez), fue despedida del Ministerio Público, bajo la justificación de que postular al senado (como lo hizo Castro por el partido Morado), contraviene la función fiscal. Sandra Castro respondió de inmediato que ella había pedido una licencia al Ministerio Público para candidatear. Por ello, sostuvo, su separación fue una represalia de Gálvez por el papel que ella tuvo en arrancar la investigación del megacaso donde el propio Gálvez, resultó involucrado.

Ese fue uno de varios hechos. Poco antes de disolver el equipo especial sobre el caso Cuellos Blancos, Tomás Gálvez separó a una fiscal de ese equipo, Julianna Chávez Hernández, que investigaba al abogado José Luis Castillo Alva. Fue ella la fiscal que levantó el acta de la reunión que tuvieron Gálvez con Castillo Alva en el restaurante El Damero, el 15 de agosto de 2025.
Meses antes, el 14 de octubre pasado, Gálvez aceptó la renuncia de Magaly Quiroz, la hasta entonces coordinadora del Equipo Especial Cuellos Blancos. Quiroz había sido una fiscal clave en mantener la integridad de la investigación. Patricia Benavides, cuando fue fiscal de la nación, la había removido. Luego de las revelaciones del caso Valquiria, fue repuesta. Quiroz presentó su renuncia, sin embargo, cuando tuvo claro lo que significaba el ingreso de Gálvez como fiscal de la nación interino para la integridad del caso.
No se equivocó. Menos de dos semanas después, el 31 de octubre pasado, Gálvez separó a la fiscal Carolina Delgado y a su adjunta, la también fiscal Alejandra Cárdenas. Ambas fiscales investigaban las responsabilidades de fiscales supremos en el caso. En cuanto a Gálvez, lo investigaban por el presunto delito de cohecho y tráfico de influencias.


Tanto Frecuencia Latina como Epicentro publicaron notas investigativas sobre el patente conflicto de interés de Gálvez en la separación de ambas fiscales.
El desmantelado Equipo Especial los Cuellos Blancos recibió el golpe final con la resolución Nº 006-2026-MP-FN que formaliza la desactivación del Equipo y determina que sus casos se colocarán bajo las fiscalías anticorrupción, coordinadas por el fiscal superior Omar Tello.
¿Se acuerdan del Eficcop, el Equipo Especial de Fiscales contra la Corrupción en el Poder, que fue tan alabado por la prensa lumpen y la mafia mientras se concentró en investigar la corrupción en el régimen de Castillo, pero al que luego se atacó con todo cuando extendió su investigación a la entonces fiscal de la nación, Patricia Benavides, en el caso Valquiria?
La resolución 008-2026-MP-FN selló su definitiva desactivación después de una larga serie de ataques y represalias, tanto en lo policial como en lo fiscal. La hasta entonces coordinadora, la fiscal Vanessa Díaz Ramos, quedó sin equipo ni responsabilidad de coordinación. Los casos y fiscales del grupo fueron asumidos por el “subsistema” de Delitos de Corrupción de Funcionarios, que coordina Omar Tello.
Pero la resolución separó además a dos fiscales de ese Equipo del ámbito de la investigación de “corrupción de funcionarios”. Ellos son los fiscales Julio Ormeño Peves y Gunther Cornejo González. Ormeño Peves fue transferido, o exiliado, lejos de su cargo, a la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de la “Zona Alta” de San Juan de Lurigancho.
Fuentes fidedignas indican que Ormeño era el fiscal a cargo del caso Valquiria, cuya principal investigada es la exfiscal de la nación (y ahora fiscal suprema) Patricia Benavides. Manejaba las colaboraciones eficaces del caso, entre otras la de Jaime Villanueva.
Esa investigación queda, por lo pronto, cercenada.
El coronel PNP, exjefe de la Diviac, ahora en retiro, Harvey Colchado, quien tuvo bajo su mando la labor investigativa policial en el caso y fue objeto de intensos hostigamientos antes de ser pasado al retiro, tiene, como veterano de complejas investigaciones contra el crimen organizado, una idea clara de lo que esas acciones significan:

Los corruptos se han reagrupado, han aprendido y ahora se han ido con todo y lo han hecho de forma escalonada. Es un plan bien estructurado para tomar todas las instituciones, como lo hizo Fujimori en los 90. Es idéntico. Tienen a la mayoría del Congreso, tienen al presidente que lo han puesto ellos. La única independencia que tienen es la del Poder Judicial. Parcialmente, porque retornaron Cuellos Blancos. Pero está la presidenta [del PJ] que está dando batalla sola.
[…]
[Los corruptos] Están en retorno. Ahora van a ir por el Poder Judicial. Solo quedan ellos, porque la Defensoría, la Junta Nacional de Justicia, el TC están tomados por ellos.
[…] Entonces ahora se preguntan, ¿Qué hay que hacer? Desactivar los equipos especiales, compadre, no queda otra. Entonces, con eso rematamos. Y ya, este se puede decir que es la parte final, ahora.
[…] Generan campañas de desinformación y luego viene la desactivación.
[…] Y a la par, hay que tomar a quienes investigan el poder. Son los fiscales supremos y los jueces supremos. Hay que tomar esos puestos. Y lo han hecho a través de Tomás Gálvez, han reincorporado a Benavides increíblemente y ahora a Arce.Ahora el fiscal de la nación tiene acceso a toda la información de los agentes especiales y colaboradores eficaces en esos casos… Está todo el caso Valquiria, el caso de Patricia Benavides, la colaboración eficaz de Villanueva, el agente especial Roberto”.
Finalmente, el Equipo Especial de fiscales para casos con víctimas durante las protestas sociales (Eficavip) que siguieron a la toma del poder por Dina Boluarte, fue también desactivado. La resolución Nº 005-2026-MP-FN terminó con su existencia. Sus investigaciones, serán asumidas por la Coordinación de las Ficalías Especializadas en Derechos Humanos y contra el Terrorismo.
En los hechos, la desactivación de ese equipo es, sobre todo, obstructiva. Según Carlos Rivera, abogado de familiares de las víctimas (y director de IDL) el Eficavip “en los hechos cumplió con todos los casos. [que están] casi todos concluyendo o ya han concluido. [La fiscalía] ya cerró la investigación [y] el siguiente paso era presentar acusaciones”. Y en ese contexto se desactivó el equipo.
Pero la principal víctima ha sido el Equipo Especial del caso Lava Jato. Aunque se haya salvado buena parte de la investigación que ahora queda bajo la coordinación de Germán Juárez Atoche, el hecho es que sus dos líderes más importantes, Rafael Vela y José Domingo Pérez fueron apartados de los casos y continuarán afrontando el cínico acoso, el desvergonzado hostigamiento que proviene de la propia fiscalía de la nación, de la Autoridad Nacional de Control del Ministerio Público, de la JNJ y de la mal llamada Comisión “investigadora” del Congreso dirigida por el notorio Alejandro Muñante.
Sometido a un sostenido e intenso ataque de calumniosa desinformación junto con los acosos provenientes desde dentro del Estado, que se acrecentaron conforme los grupos mafiosos avanzaron en la conquista de todos los aparatos relevantes del sistema estatal, el Equipo Especial pudo, pese a ello, llevar a cabo investigaciones de alcances sin precedentes en nuestra Historia, que deberán ser detallados y repasados, como hará IDL-Reporteros.



